Hace muy recientemente falleció mi mamá.
Una mujer jóven, llena de vida, objetivos y sueños. Su deceso fue muy repentino, de esas cosas poco explicables que suceden sin más.
Esta nota está dedicada a quienes nos quedamos en el camino llevando a cuestas el dolor de los que ya no están.
¿Cómo se enfrenta la muerte de un ser querido?
A pesar de que tengo pocos meses en el duelo, puedo contar mis primeras visiones sobre este suceso. Tuve la suerte de haberme metido de lleno en el Coaching de vida y previamente en una sanación sumamente personal. Venía de años de no apuntarle a la vida, en fracasos que no sabía enfrentar.
Elegí al fin hacerme responsable de mí misma y cambiar rotundamente mi visión sobre todo lo que me sucedía. Para tener una vida más calma, más dulce, más exitosa. Me di la oportunidad de leer previamente sobre sucesos postraumáticos, investigar cómo enfrentar cada desafío. Y alcanzar todo objetivo que quisiera.
¿Y la práctica?
Claro, el aprendizaje no es total si no hay un equilibrio. Se necesita la praxis.
Y llegó un momento totalmente inesperado. Porque no lo tuve en cuenta, no estaba en mi mente.
Jamás imaginé que mi madre dejaría este mundo a poco de cumplir 50 años. ¿Cómo me explicaba a mí misma que esto era algo que podía suceder?
Al principio fue desesperante. No entendía que estaba pasando. A las pocas horas me quedé en silencio. Y la primer palabra que surgió en mí fue: ACEPTO ESTA MUERTE, ACEPTO QUE ESTO ESTA SUCEDIENDO, ACEPTO QUE MI MAMÁ YA NO ESTA NI VA A ESTAR. Y puede sonar desagradable, pero supe que la única manera de salir de ese estado de shock era ACEPTAR lo que estaba viviendo. Aceptar no significa estar de acuerdo, simplemente estaba diciéndole a mi subconsciente que no ponga ninguna resistencia.
No quería poner resistencias, quería recuperar mi eje lo más pronto posible. Y cometí el error de considerar que iba a lograrlo en poco tiempo. Esto no fue así. Mi interior estaba intacto, pude cuidarme de pensamientos nocivos o contradictorios. Pero no tuve en cuenta parte del entorno, porque claro, no todos procesamos de la misma manera la realidad. Me encontraba en un estado de hipersensibilidad y no pude tolerar palabras sueltas "hirientes" de quienes compartían conmigo su propio dolor.
Yo necesitaba de un silencio amoroso. Y tuve héroes a mi lado que me comprendieron y me cuidaron con una dulzura asombrosa, de la cual estoy enormemente agradecida. Pude comprender que expresar el mundo interno es complicado, pero es sumamente necesario hablar lo que uno está viviendo. Decirle al otro qué se está necesitando. Avisar cómo va el proceso. De esta manera es mucho más sencillo procesar y encontrar el apoyo certero.
El impacto
La primer semana fue caminar entre nubes, comencé con dolores de estómago intensos. Era una clara advertencia de que algo no estaba fluyendo bien. Entonces me senté a escribirle una carta a ella.
Con lapicera en mano y la hoja en blanco en frente me percaté de algo maravilloso.
Ya le había dicho todo. Con mi madre hablaba todos los días y pude compartirle mi proceso de sanación. Pude destrabar ciertas creencias que nos lastimaban sin querer y mejorar nuestra comunicación a un 100%. En vida nos dimos la oportunidad de acompañarnos, entendernos, de enviarnos cariño y comprender patrones familiares. Cuando comencé a escribir las primeras líneas noté un calorcito en mi pecho. Comprendí que todo ese dolor que sentía, esa muerte, esa sensación, provenía de un cariño inmenso. Logré llorar a mi madre desde el amor más grande.
La renuncia
Así fui logrando procesar su muerte (o por lo menos esta primera parte). Cada dolor que siento en este luto, lo invito a pasar. Pero no le pongo nombre. Lloro, respiro profundamente y sigo.
Le advierto a mi cerebro que haga silencio y me abro al espacio de sanar.
RENUNCIÉ completamente a buscarle un sentido a su pérdida.
No me pregunto "¿Por qué?" realmente no pretendo pedirle explicaciones a la vida.
La vida ES simplemente. La mente es la que cuestiona todo.
No quiero discutir con la vida cuando aún tengo mucho por hacer.
Me he peleado antes y ahora que me he reconciliado no puedo desestimarla. Encontré cosas maravillosas, dulces, increíbles, amorosas, que antes no era capaz de ver.
La vida es amable siempre. Sólo que a veces la medimos con un nivel de conciencia cerrado.
Los vínculos
Días posteriores me fui encontrando con personas que compartían su luto. Desinteresadamente me contaron su proceso a modo de ayuda. Fue algo impresionante. Descubrí que cada duelo es ultra particular y que la muerte abre una conexión contenedora entre quienes compartimos su cercana presencia. Familia, amigos, conocidos acercando su calidez me demostraron lo fantástico que puede lograr la empatía.
La muerte
La muerte es la gran maestra de toda esta existencia.
Vemos decesos de quienes amamos por el camino. Algunos más fuertes, otros más suaves, pero sin dudas absolutamente profundos.
Tiene una magia particular, ya que su dolor, su miedo, su sola presencia nos conecta aún más con la vida. Olvidamos todo problema y saltamos a sus brazos.
Y este es el mejor regalo que podemos hacer en memoria de los que ya no están.
Abrazar inmensamente a la VIDA.
Mi mamá me enseñó a ayudar a quién lo necesite, a dar una mano, a dar un consejo, a comprometerse con el otro/a/e y aportar algo para cambiar a mejor este mundo. Es por eso que escribo esta experiencia con toda honestidad.
Y hoy siendo su cumpleaños le envío el más grande de los cariños, esté donde esté
Gracias, eternamente, por ser una GRAN GUÍA.
❤️



emocionante Carolina, hace poco había empezado una hermosa amistad con tu mamá, a pesar de que hacía muchísimos años que nos habíamos cruzado algunas veces, antes no habíamos tenido oportunidad de compartir momentos. Lágrimas por tus hermosas palabras ¡abrazo inmenso! hoy me impactó mucho la publicación de su cumple en las notificaciones de fb ��
ResponderBorrarHola caro, excelente relato, aquí también la recordamos en el día su cumple, también Don Face nos ayuda haciéndolo recordar, hemos traído del mundo de los recuerdos muchísimas cosas q vivimos, cumpleaños, navidades, fines de años, cenas, almuerzos y charlas, me acorde de q fui su instructor para q aprenda a andar en bicicleta me esperaba las tardes de verano y ahí íbamos ella, la bici y yo y tu abuela q se reía, luego perdimos el contacto y hace unos años lo recuperamos gracias a Don Face, comunicaciones cortas casi triviales pero valía la pena era el reencuentro...Un beso de mi familia y mío
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